Más que una película, Round Midnight es una improvisación cinematográfica. Bertrand Tavernier filma el jazz desde dentro, con la respiración lenta del saxo y la melancolía de un club parisino a punto de cerrar.
Dexter Gordon, auténtico gigante del jazz, no interpreta: vive a Dale Turner, un músico derrotado por la vida y salvado por la música. Su relación con François Cluzet, ese fan que lo rescata de la oscuridad, se convierte en el corazón del film: una amistad que suena como un solo de saxo nocturno, frágil y honesto.
La cámara de Tavernier no impone ritmo, improvisa con los músicos, dejándose llevar por el humo, las luces suaves y la tristeza bella del final de una era. Y, por encima de todo, la música de Herbie Hancock, que ganó el Oscar, eleva cada escena con una delicadeza casi espiritual.
A ratos puede sentirse lenta o demasiado contenida, pero cuando uno se deja llevar, Round Midnight te envuelve como una sesión en el Blue Note. Una película que no solo se ve: se escucha y se siente.