Es una película que va creciendo poco a poco, sin grandes golpes, pero con una fuerza muy contenida. Cuenta una historia sencilla en apariencia, pero cargada de peso moral, donde lo importante no es lo que pasa, sino cómo lo viven los personajes.
Lo mejor es el tono: pausado, respetuoso y muy sobrio. No hay dramatismo exagerado, y eso hace que todo resulte más creíble y más cercano. La convivencia de los monjes, sus dudas y su forma de enfrentarse a lo que viene están tratados con mucha sensibilidad.
Puede hacerse lenta si no entras en ese ritmo, porque prácticamente todo se basa en miradas, silencios y pequeñas decisiones. Pero si conectas, funciona muy bien y deja bastante poso.
En conjunto, es una película sólida, muy bien interpretada y con un enfoque muy humano sobre la fe y el miedo.
Nota: 7